Seis problemas del libro y la edicion/5: Las redes sociales no venden libros

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Si comprar libros implica elegir ese camino de acceso lento a un contenido, que no se puede hacer en simultáneo con otras actividades, ¿no suena incoherente hacerlo desde un medio de comunicación que apela exactamente a lo contrario?

 

Pero ¿cómo prescindir de ellas?

“Vender libros” pareciera una consigna muy clara, pero no lo es. Porque no me refiero solo al acto concreto en una operación mercantil de compra venta, como sería la de cualquier otro artículo de comercio, sino a un compromiso que va mucho más allá de la adquisición de un libro, y que tiene que ver con la elección de un camino de contacto profundo con una historia, o con unas ideas, a través de un camino largo, lento, casi siempre silencioso y privado, como es el de la lectura. Exactamente lo opuesto a la inmediatez que ofrecen las redes, a la relación simbiótica con los dispositivos, y a la vida online.a

Si comprar libros implica elegir ese camino de acceso lento a un contenido, que no se puede hacer en simultáneo con otras actividades, ¿no suena incoherente hacerlo desde un medio de comunicación que apela exactamente a lo contrario?

Sin embargo, en la realidad de hoy, no hay otros medios de gran alcance tan poderosos como las redes sociales. ¿Será posible aprovecharlas?

Cuando alguien compra un libro, hay siempre un proceso previo que lo llevó a elegirlo. Desmontar, intentar descubrir ese mecanismo, es uno de los objetivos imprescindibles para encontrar formas de venderlos a través de las redes sociales.

Hace unos pocos años, en los momentos de más furor por el surgimiento y el veloz desarrollo de las redes sociales, la gente del mundo del libro pensó que al fin surgía la nueva forma de recomendar libros, de difundir ideas que llevaran a leer, más que a leer, a comprar determinados títulos que se quería ofrecer. Las redes venían a reemplazar el espacio perdido de la publicidad, debido a lo inaccesible de la televisión, y la brutal reducción de la circulación de los medios tradicionales y en consecuencia de las páginas dedicadas a libros. No es casual que este período coincida con el de la debilidad de la figura degradada, tanto en el ámbito público como en el familiar, del maestro, del crítico, del buen librero. (Sugiero leer la cuestión de la ausencia de los prescriptores, el Problema 3 de esta serie).

Vender libros no es solo “vender”

Cuando un escritor habla de vender libros no es solo una expresión de deseo comercial. Es algo que va mucho más allá, y tiene que ver con los códigos consagratorios de su actividad, y recién en segundo lugar con lo que vulgarmente llamamos “ganarse la vida”. No habla, no piensa igual un latinoamericano que un anglosajón. Aprendí mucho de la visión profesional de los escritores estadounidenses, que consideran que ganar dinero con el producto de su esfuerzo es la confirmación, el reconocimiento del valor de lo que han entregado a su sociedad. Por eso no tienen el menor pudor en decir que quieren vender, ni que quieren ganar dinero con su trabajo, cuánto más, mejor.

Para estos escritores, lo que convalida su lugar no es ser publicado en otros países e idiomas, sino haber vendido muchos ejemplares y tener muchos lectores en su propio país, donde escribe, donde vive, y donde quiere que lo lean. Esta diferencia es un tema recurrente de conversación entre agentes literarios de los Estados Unidos y de España, y seguramente una de las razones de los reiterados fracasos de los agentes anglosajones, cuando se establecen en el mercado español y latinoamericano. Sus clientes les piden cosas que les cuesta entender.

No me refiero a los que peyorativamente llamamos “escritores comerciales”, sino a todos, poetas, narradores, los escritores de libros infantiles, prácticos o de auto ayuda. No les sucede lo que a cualquier escritor de nuestra lengua, que incluso cuando tenga un gran éxito en su país, le costará sentirse satisfecho si no obtiene la confirmación que, siente profundamente, solo le dará ser publicado en otros países y en otras lenguas. Es un problema habitual en nuestra práctica, encontrar qué difícil resulta a muchos escritores disfrutar de su éxito en lectores y en dinero, porque siempre hay algo que falta.

Conseguir esta trascendencia y confirmación, parecía estar al alcance de la mano, y de forma gratuita, con la llegada del mundo sin fronteras de las redes sociales. Hay escritores de nuestra lengua que han hecho sus páginas web y sus redes, en castellano y en inglés. Sin embargo, no queda claro a quién se dirige esa versión en inglés ¿a posibles lectores? ¿de qué idioma? ¿a editores extranjeros? No conozco ningún editor extranjero que haya contratado libros que conoció por estas vías, sus canales de información son otros, y están muy establecidos.

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Febrero 28, 2017

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